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THAI-TRIP 1 BANGKOK

January 26, 2017 Óscar Soria González

 

Después del viaje tan chulo que nos pegamos en septiembre, vamos a compartir con vosotros esta pequeña crónica dividida en tres partes: Bangkok, Chiang Mai y Zona Sur (Krabi, Ao Nang, Islas PhiPhi y Railay). 

En la capital estuvimos dos días al principio y otros dos al final, que aquí los pondré juntos. Sinceramente, si vais a ir a Tailandia seguramente esto os guste y os sirva de ayuda. Si no lo tenéis planteado, será más que suficiente si solo miráis las fotos :D

*Casi todo está escrito tal y como lo iba escribiendo sobre la marcha en mi librito de viaje. He decidido no cambiarlo para que mantenga la esencia del momento*. 

 

 

Día 1.

Vuelo corto con AirFrance. Íbamos asustados por tantas horas de vuelo pero equipados con unas buenas valerianas. Sin embargo, al final nos faltó tiempo en el avión. La comida que ponían estaba buenísima y teníamos pantallitas individuales con películas recientes, de culto, series y juegos. Al final nos obligamos a dormir al menos cuatro horitas porque llegábamos a BKK a las 7 de la mañana y queríamos empezar el día con fuerzas.

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Estábamos deseando conocer ese nuevo mundo desconocido, nutrirnos en él, formar parte de su mecanismo y hacer un montón de fotos y vídeos… Pero cuando fuimos a hacer la primerísima foto de recién llegados al aeropuerto de Bangkok, vemos que la cámara Olympus Pen recién estrenada tiene un agujero negro en la pantalla. Imaginaos la cara que se nos quedó y el mal rato que tuvo Chabela.

Olympus Pen Generation, Los ahoras

       Nuestros planes de templos por la ciudad fueron sustituidos por una visita al centro comercial de Tuptip Plaza para buscar dónde arreglarla. Por suerte, al menos teníamos la GoPro Hero 4 Silver (pedazo de nombre), pero esa era más para vídeos ¡cómo íbamos a estar 15 días sin hacer fotos en esos lugares tan espectaculares! No tuvimos en cuenta que en Tailandia, a pesar de madrugar tanto, los centros comerciales abren sus tiendas a eso de las 11, así que mientras esperábamos tuvimos ocasión de hacer un par de compras (entre ellas el mini-dron y una tarjeta de memoria extra),  y darnos un paseo por las tiendas que iban abriendo, calentando los motores del inglés mientras preguntábamos dónde podíamos arreglar el estropicio. También aprovechamos para familiarizarnos con las técnicas de regateo (tan útiles durante el viaje), que se basan prácticamente en que te ofrezcan un precio de partida ridículamente alto (por si cuela), negarlo rotundamente (si es con un sutil toque de enfado u orientación hacia la salida mejor), y proponer tú un precio ridículamente bajo, y seguir así hasta que se llegue a un punto medio en el que uno de los dos (o los dos) quedéis satisfechos con el precio. También nos fue extremadamente útil decir : “pues mi amigo español que estuvo en Tailandia hace una semana me dijo que esto lo podía comprar por menos” o “¿Qué? ¡Si acabo de preguntar en otra tienda y me han dicho la mitad!”.

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Aunque, a decir verdad,  es bueno tener en cuenta que ellos se ganan la vida como pueden, en una ciudad en la que la mayoría de personas son de clase baja y lo que para ti es un mísero euro de diferencia, para ellos supone una comida. Tampoco es cuestión de machacar en las negociaciones.

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Por fin volvimos al hotel. Amara. Una maravilla. Nos recibieron con unas copas de algún cocktel extraño y muy bueno. Todo limpísimo, instalaciones geniales y servicio amable e impecable. Todo muy sibarita. Pero todo eso no era nada comparado con aquello por lo que realmente latían nuestros corazones: la piscina infinity en la última planta. Albornoz ceñido, zapatillas mullidas, gafas de sol y porte español, ocupamos unas tumbonas en primera línea. Chabela quería empezar a disparar, pero yo no aguantaba.

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El albornoz y las zapatillas me vieron partir desde la mesita junto a la tumbona; las gafas y el porte se quedaron conmigo. Me sumergí en la mini-piscina de agua caliente y cerré los ojos recibiendo un auténtico picotazo del Ahora. ¡Qué placer! Desconexión del mundo, hotel caro, cuerpo relajado y vistas gloriosas. Bocabajo, con los brazos sobre el borde y la barbilla en las manos, vi como los rascacielos competían por ver quién llegaba más alto, alejándose del bullicio diminuto de las calles.

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Luego nos duchamos y fuimos a por nuestra primera comida Thai, al Mango Tree (Muy recomendable). Comimos un espectacular padthai y un arroz con piña y pollo servido en media piña hueca; todo acompañado por la que desde ese momento sería nuestra principal fuente de hidratación: la cerveza Chang que vendían en botellas de medio litro.

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Queríamos volver a la piscina para ver el atardecer, pero entre que se nos fue el tiempo discutiendo porque Chabela no quería que le enseñara inglés (al menos lo justo para comunicarse), y que el ligero atardecer de Tailandia (a las 5.30) nos pilló desprevenidos, volvimos al hotel de noche (que para ser sinceros, la piscina y la ciudad nocturnas eran otro espectáculo digno de ver).

 

El mal sabor de boca duró justo el tiempo que tardamos en salir a buscar un centro de masaje thai. Durante una hora nos destrozaron las articulaciones, nos crujieron hasta en el alma y nos provocaron un extraño placer-dolor indescriptible. Pero al salir de allí estábamos nuevos (y solo nos costó 7€ la hora).

 

Día 2

Ayutthaya, la ciudad ancestral de Tailandia. Antigua capital. Empezaré contando cómo fuimos hasta allí, porque se puede extraer una moraleja de esa historia que la voy a desvelar antes de contarla: no os podéis fiar de lo que os digan los taxistas tailandeses ni un pelo.

Nos habían dicho que para ir a Ayutthaya la mejor forma era con un mini-van (mini-bus) que te cuesta 1,5€ por una hora de trayecto y se cogen en la plaza Victory Monument. Para ir hasta allí sí que cogimos un taxi, un hombre simpático que a mitad de camino, cuando le confesamos nuestro plan de ese día, nos miró con cara de preocupación y nos dijo que los mini-van habían sido recientemente prohibidos por el gobierno, y ya no estaban operativos, y que si salían algunos de forma extraoficial, y te pillaban, te podían multar hasta con 1.000€ (estamos hablando de un lugar en el que reírse de una imagen del rey o faltarle el respeto de alguna forma está penado con 10 años de cárcel). Yo caí en las garras de la inocencia y le ofrecí el beneficio de la duda, pero mantuvimos nuestro rumbo hasta Victory Monument. Cuando se delató fue al ofrecernos la opción de ser él quién nos llevara a Ayutthaya (por un precio razonable).

Cuando llegamos a la plaza, había cientos de millones de mini-vans que iban a Ayutthaya de forma totalmente legal.

Durante el trayecto conocimos a una pareja de españoles que estaban en su luna de miel (nos sentimos especiales por formar parte, al menos por un día, de un viaje tan romántico). Una vez en Ayutthaya cogimos un Tuk-tuk entre los cuatro y nos llevaron a ver templos. Big Budda, el buda en el árbol, entre otros templos en ruinas que ya sí se parecían muchos los unos a los otros. Echábamos en falta información, sino un guía turístico al menos panfletos de los que puedas nutrirte sobre la historia y detalles enigmáticos de cada lugar.

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*Mochilas y camiseta D.Franklin

Ese fue el día en que probamos nuestro primer batido de frutas exóticas, en que utilizamos el dron, y me comí mi primer bicho. Una larva jugosa y tierna que una amable tailandesa me ofreció para que probara. Ciertamente no estaba mal, pero solo para una vez.

Día 3 en Bangkok (penúltimo día del viaje).

Llegamos del avión desde el sur a las 19:00h tras haber estado una semana de playas, cockteles, buceo, barcos y fiesta. El día no nos dejaba mucho tiempo de hacer gran cosa, así que nos dedicamos a darnos un bañito en nuestra nueva piscina en la azotea en pleno Khaosan Road, la famosa calle de Bangkok donde es imposible dormir hasta las 2:00 que termina la música, pero que está llena de ambiente tanto como para tomar algo, como puestecillos de comida, masajes y atelieres en los que puedes confeccionarte un traje a medida por 60€. Pero lo más especial de ese día fue la cena. No porque estuviera más buena que nunca, o fuera un lugar particularmente bonito, sino porque era la cena de nuestro doble aniversario: como pareja, y como emprendedores con Los Ahoras.

Día 4 Bangkok.

¡Nuestro último día en Tailandia! Mucho que ver en muy poco tiempo, y aunque madrugamos y no paramos en todo el día, nos dejamos algunas cosas en el tintero como el mercado flotante o Chinatown. Prácticamente estuvimos toda la mañana viendo el otro big buda (40 m de alto), el Lucky Buda, que te da suerte, y Wat Po, un pequeño complejo de templos donde se encuentra principalmente el Buda reclinado (sí, hemos visto un montón de budas). Una pieza impresionante por su tamaño y cantidad de detalle.

 

Pero sobre todo, estuvimos en el Gran Palacio. Una extensión kilométrica donde si enseñas las rodillas o los hombros tienes que alquilar ropa para poder entrar. Casi nos morimos de calor paseando por las calles de la pequeña ciudad abarrotada de turistas, acompañados por nuestras amigas portuguesas que conocimos en la playa y quedamos para vernos en Bangkok. Lo que más me cunde resaltar del Gran Palacio es un buda que no te permiten fotografiar por si acaso el reflejo del flash te achicharra los ojos. Porque todo,  desde el altar hasta el buda, está hecho de oro macizo y esmeralda. Concretamente 5 toneladas de oro que son (os ahorro el cálculo) 225.000.000 € (solo el oro, sin contar la esmeralda que no sé cuánto será). No deja de asombrarme que existan tantísimas riquezas culturales y religiosas en un país con tanta miseria. Pero cada uno que sea feliz con sus creencias.

El resto de la tarde la pasamos paseando por la ciudad, dándonos un último masaje Thai y despidiéndonos de la comida tailandesa con todo nuestro amor (hasta el punto de comernos un escorpión).

*AGRADECIMIENTOS*

-D.Franklin por apoyarnos en la aventura con sus camisetas, gafas y mochilas

-MoskitoWear por esas camisetas anti-mosquitos que son una maravilla para dormir tranquilo en Tailandia.

-A OlympusPen por los accesorios de la cámara, nuestra gran amiga durante el viaje.



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