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Di lo que te molesta o muere.

June 25, 2018 Óscar Soria González

Estoy en la ofi, trabajando, cuando mi estómago cruje y se me aparece en la mente un paquete de galletas de fibra con chocolate que tenemos en la neverita común. Mis pupilas se dilatan. Mis glándulas empiezan a salivar. Mi concentración se dispersa como una banda de pájaros de un árbol ante un petardo.

"Necesito comerme una galleta". Una vez tomada la decisión, algo se me aligera por dentro. Me levanto de la silla y me escabullo como un niño que va a hacer una travesura. "Oh, ya que estamos me hago un cafelito solo para acompañarla. Y para ganar puntos le llevaré una también a Chabela". Me sujeto a una pared porque me he resbalado con mi propia saliva (por pensar en Chabela) y sigo hasta la nevera. 

Abro la puerta y sonriente miro hacia nuestro estante. No está. "Que no cunda el pánico, Óscar, respira hondo. Sigue buscando", pienso mientras, intentando mantener la calma, reviso hasta el último rincón de la nevera. No está. ¡No está!

Miro hacia atrás y contemplo al resto de nuestros compañeros de coworking. Me da la sensación de que algunos de ellos apartan la vista y una gruesa gota de sudor les resbala por la frente. Alguien, alguna de esas personas que disimulan como si nada es culpable del galleticidio. 

Entonces, aún con la nevera abierta, comienza el duelo.

"Maldita sea, no han dejado ni las migas. Cómo se atreven. Y no es la primera vez. Esto ya es el colmo. Voy a tener que decirlo".

"Bueno, en realidad no es para tanto. Solo son unas galletas".

"Pero si no digo nada puede que lo sigan haciendo".

"¿Y qué? Solo son galletas"

"¿Que solo son galletas?"

"Sí. No merece la pena que quedes mal con nadie por eso"

"Eso lo dices porque eres un cobarde, y lo sabes".

"Puede, pero un cobarde que le cae bien a todo el mundo".

"A mi no".

 Cierro la nevera, voy hasta el móvil y escribo lo siguiente en el grupo de WhatsApp del coworking Obvio we do:

Es cierto que no es nada. Pero al decirlo, de verdad que se me ha quitado un peso de encima. Uno pequeño, un diminuto grano de arena, pero que si no se van quitando se acumulan durante años con la excusa de "es una tontería", y acaban provocando depresiones, arranques de ira y hasta enfermedades.

Puede que en esta fatídica tarde me haya quedado sin mi aperitivo, pero a cambio tengo algo mejor: un buen post :)

EPÍLOGO

Más tarde me enteré de que las galletas se habían puesto malas y que las habían tirado. Eso me hizo sentir incluso mejor por haberme atrevido a decirlo, porque si hay algo peor que quedarse con una molestia por dentro, es quedarse con una molestia sin sentido.

Aún así, al día siguiente, nuestros compes de Meraclic (sospechosamente) llegó a la oficina con una bandeja de croissants cubiertos de chocolate.

Los pequeños gestos cambian el mundo.

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