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Mima a tu pareja: Cocina y salud emocional

May 23, 2016 Óscar Soria González

 

Este domingo 22 de mayo hemos asistido a un pequeño taller que nos ha alegrado el día y nos ha cambiado (o mejor dicho, renovado) la forma de vernos entre nosotros.

   Íbamos desde Málaga, y después de sufrir una odisea con el coche entre las estrechísimas calles del Albaicin, metiéndonos en complejos callejones sin salida y rompiendo uno de los retrovisores por el camino, conseguimos aparcar, y llegar al taller una hora más tarde.

   El curso ha tenido lugar en el precioso restaurante El Trillo, una rinconcito lleno de flores, plantas y relajantes fuentes, con dos terrazas que dan unas vistas exclusivas a la Alhambra. 

   A pesar de nuestro retraso, Alejandro Montero (PsicoUniqué), el psicólogo que impartía el taller, nos recibió con unos tentempiés y un riquísimo zumo de naranja, mango y jengibre, bien fresquito (porque no sé en otros sitios, pero en Granada a las 12h caía un calorazo aplastante, que por otro lado, ya íbamos necesitando).

   Para no meterme en materia del taller (en caso de que queráis asistir a alguno de los próximos con vuestra pareja), solo comentaré un poco por encima nuestras sensaciones. Ciertamente, ha sido un “despertar de los sentidos”, como ya nos anunciaba Alejandro.

   Con los ejercicios que nos han ido mandando (que a veces eran un poco tensos, porque implicaban medir el grado de complicidad y conocimiento que tenías con tu pareja), nos hemos ido re-descubriendo el uno al otro, apreciando los pequeños detalles de nuestra personalidad y relación.

   ¿No os ha pasado eso de que leéis tanto un texto que habéis escrito que no os dais cuenta de esa GRAN falta de ortografía? ¿O de pasar tantas veces por el mismo sitio, que no aprecias lo bonito que es (aunque ese sitio sea la Alhambra? Pues por lo visto, eso mismo nos pasa en las relaciones de pareja, así que de vez en cuando hay que alejarse, o estar un tiempo sin verlo, o mirarlo desde otra perspectiva, para recuperar esa sensación que nos hacía ver lo especial que es la persona que tenemos delante.

   A fin de cuentas, es buscar esa chispa que siempre debe tener una relación cada cierto tiempo.

   Pero lo mejor del taller ha sido, sin duda, la última parte, en la que teníamos que cocinar entre las 5 parejas 5 platos distintos: un sándwich con salsa de yogurt, pepinillo y mora (y más cosas), ensalada con manzana, queso de cabra y polvo de kikos, salmorejo de fresa, tabbouleh y sushi (que es lo que hemos hecho Chabela  y yo). (Aquí abajo, en otro de los ejercicios, lavándonos las manos mutuamente)

 La preparación ha sido súper divertida, un poco desastre a veces, y bastante cooperativa. Luego teníamos que prepararlo y adornarlo bonito en un plato, y por último pero más importante, nos hemos dado un festín de lujo.

   Antes de comenzar a comer, nos han animado a hacer un último ejercicio, muy simple, pero seguramente el más efectivo de todos. Estábamos las parejas sentados uno frente al otro, y nos han hecho cerrar los ojos, y respirar hondo un par de minutos. Al abrirlos, debíamos mirar a los ojos de nuestra pareja durante otros dos minutos. Solo eso. Mirarnos a los ojos en silencio, después de haber preparado una comidita juntos. Las emociones salían a flor de piel.

   Por último, nos han incitado a escribir lo que “hemos visto” en esos dos minutos de mirada, para luego entregárnoslo mutuamente en forma de carta.

 

¿Qué os ha parecido este taller? ¿Habíais hecho alguno parecido? ¿Mimáis lo suficiente a vuestra pareja? 

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